El lenguaje importa
Palabras que cuidan y acompañan emocionalmente
Palabras que cuidan y acompañan emocionalmente
Las palabras que usamos influyen en cómo las criaturas perciben su historia.
No se trata de ser “políticamente correctos”, sino de cuidar lo emocional.
LOS ORÍGENES
Un lenguaje respetuoso transmite seguridad y orgullo por la historia familiar.
Aquí van algunos ejemplos de expresiones que es mejor utilizar en relación a sus orígenes:
Decir “madre biológica” o “padre biológico” en lugar de “madre verdadera” o “padre verdadero”.
Decir “fue adoptada” en lugar de “la adoptamos/la adoptaron”, para centrar la acción en la criatura.
Decir “Nos sentimos muy afortunados de tenerte en nuestra vida.” y no decir: “Tienes suerte de que te adoptáramos.” o “Ya deberías estar agradecido”.
Decir: “Eres nuestro hijo/nieto, y también tienes una historia única que forma parte de ti.” y no decir: “Eres igual que si fueras nuestro hijo/nieto biológico.”
Decir: “Tus padres biológicos no pudieron cuidarte, pero eso no cambia lo valioso que eres.” y no decir: “Tus verdaderos padres te abandonaron.”
No hablar mal de sus padres biológicos: hay muchos elementos que no sabemos y no podemos juzgar. Hay que centrarse en lo positivo de su historia con la familia de origen.
Decir: “Soy tu mamá/papá/abuela, la persona que te cuida y te ama.” y no decir: “Yo soy tu verdadera madre/padre/abuela.” porque también su familia biológica es su familia.
Decir: "Es normal que pienses en tus padres biológicos y tengas preguntas." No decir: “No pienses en tus padres biológicos.”
Cuidado con las etiquetas: no decir ‘maltratador’, ‘violador’, etc., sino ‘que ha maltratado’, ‘que ha cometido una agresión’, poniendo el foco en la conducta y no en la identidad.
No hablar nunca mal de su país de origen.
Tener claro que los niños adoptivos tienen 2 familias: 2 madres y 2 padres (o 1 madre y 3 padres, si han sido adoptados, por ejemplo, por una pareja de chicos). No debemos poner a ninguna de las dos familias por encima de la otra: ambas forman parte de la historia del niño.
LA MIRADA DE LOS ADULTOS
No poner las expectativas altas en el niño diciendo cosas como: “Te esperábamos a ti para ser felices” o “Te hemos esperado tanto”. Con estas frases el niño podría sentir que tiene que cumplir expectativas altas, ser siempre perfecto. Como todos los niños, también el adoptado tiene derecho a equivocarse, a no ser perfecto, e igualmente a tener nuestro amor incondicional.
Como también frases del tipo "Deberías ser grato" o "Eres afortunado comparado con antes", pueden generar un sentido de gratitud forzada. Esto ocurre también si estas frases no se verbalizan claramente, sino que están implícitas. El niño adoptado tiene que sentirse libre de expresar su rabia, tristeza o poder hacer preguntas sobre su historia, y si "debe" sentirse grato, no se sentirá cómodo exteriorizando su malestar o inquietudes.
No referirse al niño adoptado como "pobrecito".
Hay que evitarlo porque reduce la persona a su herida, a su pérdida, mientras es mucho más: tiene capacidades, deseos, recursos, personalidad, etc.
Con una mirada de lástima el niño se puede sentir diferente, menos afortunado que los demás y al que le faltará siempre algo.
Seguramente tiene una historia compleja que debe ser reconocida, pero tiene derecho a ser mirados con respeto, no con compasión. Evitemos etiquetas y evitemos transmitir un mensaje de inferioridad.
REBELDÍA
No amenazar nunca al niño adoptado con echarle de casa, ni en broma. Tampoco si es él, el que nos provoca, que nos chantajea con el irse de casa.
Decirle que nunca nos separaremos de él, que nunca lo abandonaremos, que nunca lo dejaremos ir.
No tienen que experimentar el miedo a un eventual abandono.