No todas las preguntas merecen respuesta: proteger la privacidad del niño es lo primero
“¿Por qué la adoptasteis?”, “¿Cuánto os costó?” “¿Dónde están los padres verdaderos?” “¿Quién es la madre de verdad?”
Preguntas así hacia los padres adoptivos, los abuelos, los tíos o directamente hechas a los niños adoptivos son comunes.
Sin mucha sensibilidad, vecinos, amigos o personas desconocidas que encontramos en nuestra vida nos podrían hacer estas preguntas o hacerlas a los abuelos/tíos adoptivos. Pueden pensar que sea una pregunta inocente, sólo porque notan un color de piel diferente entre hijos y padres o abuelos, pero no saben cuánto puede doler.
Sin quitar valor a los padres biológicos, los adoptivos somos también los padres del niño; no somos menos verdaderos que los otros.
Saber qué le pasó a la madre biológica y por qué el niño acabó siendo dado en adopción son curiosidades comunes que pueden surgir a quienes se acercan a una persona adoptada.
A estas preguntas tenemos que sentirnos libres de contestar según el nivel de detalle que queramos dar y que en familia tengamos decidido que queremos compartir o no. También podemos contestar que es algo personal de su historia. Y en estas respuestas padres, abuelos y tíos tienen que estar alineados y haber hablado anteriormente del tema.
Tampoco hay obligación de responder. Se puede decir con calma:
“Esa es una historia personal y no la compartimos por respeto a la criatura.” o “Esto es un tema privado del niño”
Recordemos que la historia de adopción pertenece a la persona adoptada, no al resto de la familia.
En algunos casos nos hacen estas preguntas delante de los niños: cuanto más natural sea nuestra manera de contestar poniendo límites, más aprenderán ellos a hacerlo también.