Respetemos lo que quieran compartir y evitemos preguntar de más
En muchas ocasiones no se sabe mucho de los orígenes de la criatura, de la historia de sus padres biológicos o de las razones detrás de la adopción.
Pero es un derecho de las criaturas acceder a la información documentada cuando cumplan la mayoría de edad, o antes con acompañamiento.
Y esta historia es suya: decidirán cuánto quieren conocerla y qué quieren compartir con los demás (amigos, compañeros de la escuela, familiares, etc.)
Mientras sean criaturas pequeñas, les iremos explicando detalles según su madurez y contestando a sus preguntas. Creciendo podrán conocer más elementos y decidir a quién contarle su historia.
Si no se conocen muchos detalles, seguramente hay elementos que podremos imaginar o investigar, como el clima, la cultura o los platos típicos de su país de origen.
En algunos momentos puede ser que los niños adoptados inventen partes de su historia o añadan fantasías: no hay que alarmarse ya que forman parte del proceso. Un niño adoptado podría contar que su padre biológico se llama Jordi y era rubio, aunque no tenga ninguna información sobre él. También podría decirle a la profesora que vivió en una casa con piscina, porque a veces imaginan escenas para completar los huecos de su historia.
Si escucháis algo que no encaje o que os llame la atención, podéis comentárnoslo: puede ser una pista útil para entender cómo se siente, pero no hace falta darle demasiada importancia.
Podemos incluso aprovechar esas elaboraciones para acompañarlo y ayudarle a hablar más sobre su infancia.