Cada niño avanza a su ritmo: algunas conductas infantiles son parte del proceso de sanar
Los tiempos de desarrollo pueden ser distintos: tal vez los niños que han sido adoptados no hablan tanto, quizá no se mueven igual que otros. Seguramente no han tenido las mismas oportunidades de moverse y explorar que han tenido otros niños, ni alguien que les hablara con frecuencia.
Como consecuencia, el desarrollo de las criaturas adoptadas puede no corresponder a su edad cronológica, sino a las experiencias que han vivido.
Por eso, tendremos que adaptarnos a su nivel real, no solo a su edad, y tratar a las criaturas como bebés cuando lo necesiten: puede ser que nos veáis darles de comer aunque tengan 6 años, vestirles a los 10 o mecerles como bebés a los 12 años. Puede ser que quieran hacer cosas típicas de criaturas más pequeñas y nosotros los complaceremos.
En algunas ocasiones puede ser que tengan ganas de tomar el pecho aunque sea grandecitos, o quieran simular haber estado en la barriga de la madre adoptiva. Tenemos que dejarlos hacer, entrar en sus juego y acompañarlos en este deseo.
En el momento en que comienza la vida en familia con los nuevos padres, empieza su vida emocional con ellos. Y a través de estas regresiones, manifiestan su predisposición a apegarse a nosotros, sus padres adoptivos.
A veces hay que volver atrás para poder avanzar: las regresiones son parte del camino hacia el apego y la confianza.