La protección incondicional construye confianza, sana heridas y les enseña que su voz importa
Los niños, especialmente a los adoptados, hay que creerles y defenderles, porque ellos dependen de los adultos para sentirse seguros y valorados.
Muchos niños adoptados han vivido pérdidas o traumas antes de llegar a su familia, y necesitan saber que ahora sí hay adultos que los escuchan y los protegen.
Creerles es reparar su confianza, ayudarles a sanar y enseñarles que su voz importa y merece respeto.
Defender a un niño no es solo protegerlo de un daño inmediato; es también afirmar su valor como ser humano. Y en el caso de los niños adoptados, que a veces sienten que tienen que “agradecer” o “portarse bien para merecer amor”, defenderlos sin condiciones les enseña que no necesitan ganarse su derecho a ser amados y protegidos.
Frente al mundo exterior, hay que defender al niño incondicionalmente. Si no lo hacen los padres, no lo va a hacer nadie.
Esto significa que, ante un incidente escolar o de una pelea entre amigos, frente al mundo exterior lo padres se pondrán del lado de su hijo demostrando esa defensa incondicional.
Así que no os sorprendáis si veis esta actitud.
Además, es recomendable reforzar al niño con mensajes positivos frecuentes, incluso respecto a aspectos que puedan parecer evidentes, como hacer sus deberes o cumplir con sus tareas, destacando no solo el resultado, sino el esfuerzo y la constancia que demostró.
Vuestro rol como red de apoyo es, simplemente, creerles y apoyar esa defensa incondicional.