Tras la adopción, el vínculo con los padres debe consolidarse primero
El panorama aquí puede variar si la nueva familia acaba de formarse, o si ya la familia ha vivido unos meses junto con el recién adoptado en su país de origen.
Los primeros meses son fundamentales para la creación del vínculo entre padres e hijos. Tenemos que conocernos, aprender cómo somos y crear una relación de confianza.
Las criaturas llegan de un abandono, cualesquiera que fueran las circunstancias que las llevaron a estar en situación de adoptabilidad. Incluso si los padres biológicos han muerto, el niño puede vivirlo como un abandono: algo cambió en su vida; las figuras que estaban antes o la madre que lo llevó en la barriga ya no están, ya no escuchan su voz ni huelen su olor.
Así que estas criaturas llegan con una herida y seguramente desconfiando de quien se les acerque, porque pueden irse y abandonarlas de nuevo.
Por esto es importante que los padres adoptivos creen un vínculo fuerte y estable con el hijo recién llegado: esto se construye estando presentes y respondiendo a sus necesidades principales como comer, mecerle, darle seguridad y acostarle.
Esto requiere tiempo a solas con el recién llegado a la familia.
Un niño no es capaz de crear muchos vínculos fuertes al mismo tiempo; por eso es importante que los primeros vínculos se formen con los padres (y seguramente pasará primero con uno de los dos).
Cuando el vínculo con los padres sea fuerte (y esto puede tardar meses), la criatura podrá crear otros vínculos: con los abuelos, tíos, maestras y maestros, etc.
Y aquí es cuando nosotros, padres adoptivos, vamos a querer veros más por nuestra casa; o querremos ir a visitaros a la vuestra o quedaremos en otros sitios. Cuando el vínculo sea fuerte con nuestros hijos, ¡os querremos cerca!