Cuando cuestionan y se rebelan, siguen necesitando nuestro cariño y soporte emocional
La adolescencia es una etapa en la que todos buscan quiénes son y de dónde vienen.
En el caso de los adolescentes adoptados, esta búsqueda puede ser más intensa porque saben que tienen dos familias (la biológica y la adoptiva). A veces no tienen información o tienen información confusa o dolorosa sobre sus orígenes.
Y pueden sentir que no encajan completamente ni en una ni en otra familia. Esto puede generar confusión, rebeldía o tristeza.
La adopción siempre implica una pérdida inicial: la separación de los padres biológicos.
Aunque hayan crecido en un entorno amoroso, esa pérdida puede dejar una herida emocional temprana, que a veces se reactiva en la adolescencia y se expresa en conductas desafiantes, aislamiento o enojo.
A veces el entorno (escuela, familia extendida, amigos) señala o pregunta de forma incómoda sobre la adopción. Esto puede hacer que el adolescente se sienta diferente, juzgado o incomprendido, lo que alimenta conductas defensivas.
Todas las personas cercanas a los adoptados, tienen que validar sus emociones sin juzgarlas, con frases como: “Entiendo que estás enojado/confundido…”.
Los adolescentes adoptados no son “problemáticos”; están viviendo un proceso de identidad más complejo y, muchas veces, expresando heridas tempranas que necesitan comprensión, contención y acompañamiento.
No se debe pensar que el adoptado es ingrato, ni que el mostrarse enojado, distante o desafiante sea necesariamente mala conducta. La separación importante que vivió es una herida que puede doler más en la adolescencia. A veces basta con decir: “Te entiendo. Estoy contigo”.
Normalicemos también el apoyo de especialistas, como psicólogos, que será recomendable en muchas ocasiones para nuestros hijos y para nosotros.