Detrás del comportamiento difícil, siempre hay una emoción que pide ayuda
En algunos momentos, las criaturas adoptadas pueden mostrar comportamientos difíciles: rabietas intensas, rechazo, aislamiento o actitudes desafiantes.
Detrás de esas conductas suele haber miedo o inseguridad. Los padres deberían convertirse un poco en "detectives" para entender qué le pasa a su hijo y por qué le ocurre.
La mejor ayuda no es el castigo ni la dureza, sino la calma, la contención y la presencia.
Si la familia necesita apoyo, es recomendable acudir a profesionales con experiencia en adopción y trauma infantil: buscar ayuda profesional no significa que algo vaya “mal”.
A veces, las criaturas adoptadas (o los propios padres) necesitan un espacio seguro para elaborar emociones que no logran expresar en casa. Un profesional especializado en adopción puede ayudar a fortalecer el vínculo familiar, gestionar el duelo por los orígenes —es decir, el dolor o la confusión que pueden sentir al pensar en su historia previa y en su familia biológica— y mejorar la comunicación. Pedir ayuda es un acto de amor y de responsabilidad, no de debilidad.
Por el otro lado, si el niño siempre se comporta "perfectamente", si no nos da nunca problemas, siempre saca un 10, puede ser que sea porque quiera cumplir expectativas, no quiera decepcionarnos por miedo a ser abandonado otra vez.
En estos casos, es crucial que el niño sienta que tiene derecho a quejarse, a discrepar si algo no le gusta y a cometer errores. Debemos aceptar sus errores y quejas, asegurándole, junto con vosotros, que no hay nada malo en cometer errores y que nuestro amor no cambiará.